¿Has olido alguna vez hojas de olivo secas? Ese aroma amargo, terroso, como campo caliente, tiene algo que “despierta” la nariz y baja el ritmo de la mente. Luego llega el otro protagonista: el aceite de oliva virgen extra, espeso, verde-dorado, con un picorcito suave al final. No es solo cocina. Es una sensación que te avisa que ahí hay compuestos vivos. Y hoy vas a entender por qué este dúo está regresando a las conversaciones de bienestar, especialmente después de los 45. Porque después de los 45, el cuerpo cambia sin pedir permiso. La próstata puede crecer. La vejiga se vuelve más sensible. La circulación se hace más lenta y, al final del día, aparecen piernas hinchadas o pesadez en los pies. ¿Te pasa que despiertas varias veces a orinar? ¿Sientes chorro débil, urgencia, ardor leve, o esa sensación de “plomo” en las piernas? Muchos toman medicación y aun así se sienten atrapados. Y ahí nace la curiosidad: ¿y si un té sencillo y un aceite bien usado pudieran acompañar tu rutin...